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Un lugar de la Mancha cuyo nombre recuerdo. Ocaña 7

  • Foto del escritor: Leopoldo García-Alas Ureña
    Leopoldo García-Alas Ureña
  • 21 nov 2020
  • 3 min de lectura

¿BUENA VOLUNTAD O FORMACIÓN?

No sabemos si los políticos representan un mal endémico en todos los países, o es un mal privativo del pueblo español. Y para no meternos en camisas de once varas, nos centraremos en lo que representa el conocimiento de algunas materias, necesarias, o tal vez imprescindibles para ser útiles en el lugar donde se desenvuelve nuestra existencia.


Es habitual, que cuando llegan las elecciones municipales los diferentes partidos políticos empiecen a elaborar las listas para completar sus distintas candidaturas y lo hacen con criterios que nada tienen que ver con la idoneidad de los candidatos que en principio nada saben, o desconocen, qué parcela tendrán la responsabilidad sacar adelante.


La costumbre nos dice que primero se confeccionan las candidaturas y si se gana, ya se verán los puestos que se han logrado obtener tras los diferentes escrutinios y qué concejalías se han de cubrir con arreglo a los resultados.


Las listas las suele elaborar el cabeza de candidatura, por aquello de mejor tener un equipo elegido por el líder, que impuesto por terceros. Y es aquí donde empiezan las dificultades. Normalmente los jefes de lista no desean llevar a gente más y mejor preparada que ellos, porque más pronto, que tarde el concejal se revolverá contra el alcalde, más bien desean tener a su lado gentes muy leales, dóciles, maleables y a ser posible sumisas.


Tal vez el poder y los sueños de grandeza confundan a más de uno, algo tan efímero como banal y a veces nada valorado por los ciudadanos que pasan olímpicamente de ellos.


A esto se añade otra dificultad, y es que las elecciones municipales no son demasiado atrayentes para profesionales de cierto nivel, ni para gentes de cierto prestigio, por lo que en muchas ocasiones prima la amistad, la buena voluntad, el afán de servir o simplemente el compromiso que representa un fuerte lazo de amistad.


También es cierto, que al final el trabajo se lo repartan dos o tres, que son los que van a terminar escarmentados de su buena voluntad y ánimo de servicio y totalmente quemados.


Cuando se han de repartir las concejalías, es cuando se ve que muchos de los elegidos no tienen el nivel, formación y conocimientos suficientes como para llevar la responsabilidad de una población que exige los mejores servicios a la inversión que representan el pago de impuestos y los mejores gestores.


Existen áreas como Educación, Sanidad, Cultura, Urbanismo, Hacienda o Personal…, donde el mínimo nivel exigible ha de estar en consonancia con el cargo a desempeñar. Lo ideal sería, que en cada área estuviese un auténtico especialista con los conocimientos necesarios como para hacer frente a lo que demanda una sociedad exigente, moderna, progresista y sobre todo, consecuente con el medio donde va a desenvolver su vida.


Hallar un sanitario, un profesor, un ingeniero, un arquitecto, un abogado, un economista, un empresario o un sociólogo, por no seguir abriendo el abanico, es una tarea harto difícil, que desee emplear parte de su tiempo en servir a los demás a precio cero y a problemas y disgustos mil, es una auténtica utopía, con lo que termina resultando una distopía.


Al final se oye con demasiada frecuencia que tal o cual concejal es un auténtico desastre en la materia que le ha tocado en suerte, pero en cambio tiene muy buena voluntad y pone mucho empeño en las cosas. El problema se presenta cuando el edil de turno carece de formación, buena voluntad y capacidad de trabajo, con lo cual nadie se pregunta cuál fue la causa que le hizo presentarse a unas elecciones donde no mostraba ninguna aptitud.


Y lo que nadie debe olvidar, es que en pueblos mayores de cinco mil habitantes la empresa mayor y de más calado en el pueblo es el ayuntamiento.


Una persona encargada de la industria y el comercio de una localidad de cierta entidad no puede ser cualquiera, y menos cuando se ve bien a las claras que en su vida privada es una persona que jamás emprendió nada conducente a prosperar la economía familiar. Volviendo a ser lo peor, que estas tareas recaigan en quien ya ha demostrado su fracaso.


Para terminar este capítulo, recordamos que en política sería muy bueno que llegasen los que ya hayan triunfado en su ámbito privado.


Un servidor de ustedes.


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