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Un lugar de la Mancha, cuyo nombre recuerdo. Ocaña.

  • Foto del escritor: Leopoldo García-Alas Ureña
    Leopoldo García-Alas Ureña
  • 29 oct 2020
  • 2 min de lectura

Actualizado: 21 nov 2020

SERVICIO DE MANTENIMIENTO

Hace años, coincidiendo con un gobierno municipal, Ocaña entró en una gran depresión económica, tanta, que la deuda que se generó, dicen algunos analistas, alcanzó los 23 millones de euros.


Tras detectarse algunos problemas, la Justicia decidió, tras sentencia, inhabilitar para ostentar cargo público a varios integrantes de aquel gobierno municipal.


El mismo partido político ganó las siguientes elecciones, con la intención de reconstruir todo aquello que se había derribado con anterioridad, algo muy frecuente en la clase política, que primero crean un problema donde no lo hay y luego tratan de darle solución para alardear de buenos gestores.


Fue tal el descalabro sufrido por aquel gobierno municipal, que el nuevo equipo bastante hizo con poner diques que contuviesen la debacle, al mismo tiempo que intentaban reducir la inasumible deuda. Supongo que con ello quisieron justificar la nefasta actuación de las legislaturas anteriores.


Pero no fue esto lo que querían los ciudadanos, que veían que su pueblo quedaba estancado, sin que nadie fuese capaz de volver a poner a Ocaña en movimiento. Era como el podenco que se tiende en una carrasca a lamerse sus heridas en lugar de ir a cazar, que era lo que le exigía su propietario.


Pero el pueblo no perdonó y el partido que causó el desaguisado y luego quiso arreglarlo, perdió las elecciones después de muchos años subidos al poder.


El nuevo Ayuntamiento de coalición se encontró con una realidad que desconocían y es que todo lo que habían prometido en sus programas políticos iba ser muy difícil poder realizarlo, si no es con la ayuda inestimable de la Diputación y Junta de Comunidades de CLM, algo con lo que Ocaña no contó casi nunca.


Y tras ocho años con Ocaña parada y otros cuatro años más de insoportable quietud, los ciudadanos vieron con cierta desesperación el inmovilismo de una población de casi catorce mil habitantes, donde el Trabajo, la Vivienda y la Sanidad, estaban en parada cardiovascular.


Pero no escribiremos en este medio para arremeter contra nadie, para efectuar una desaforada crítica, ni para responsabilizar a nadie de la debacle social en la que se ha visto sumida esta milenaria población, sino para aportar ideas a los que no sé si están abiertos para recibir consejo, ni asesoramiento, que no son los políticos muy receptivos al considerarse más sabios, instruidos y más preparados que nadie. No es la humildad la virtud que más exhibe la clase política, aunque la clase corresponda a la España rural. Ellos no tienen asesores, ellos tienen amiguetes que le bailen el agua, les rían las gracias y les toquen palmas.


En próximas entregas trataremos de aportar ideas y soluciones. Hasta entonces, muestro la gratitud a este “Diario de Información Local On Line” por la invitación que tan amablemente me ha cursado.


Un servidor de ustedes.


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