Un lugar de la Mancha, cuyo nombre recuerdo. Ocaña. 5
- Leopoldo García-Alas Ureña

- 9 nov 2020
- 3 min de lectura
Actualizado: 21 nov 2020
OCAÑA Y EL MUNDO EMPRESARIAL

Conocimos a varios alcaldes en Ocaña desde la instauración de la Democracia y anteriores a ella y con casi todos ellos tuvimos muy buena relación, por no decir con todos, por aquello de no resultar absolutistas, ni pretenciosos.
No conocimos a ninguno que no amase a su pueblo con todas sus fuerzas y cuestionar ese amor por Ocaña no sería justo, ni tampoco cierto.
Lo que sí podemos cuestionar es el concepto que cada uno de ellos tenía sobre lo que hoy llamamos la gobernanza, que no es otra cosa que gobernar para los intereses de todos y no de unos cuantos. Ahí es donde se establecen las diferencias, en el modo de administrar, gestionar y gobernar de cada uno de ellos.
No ha sido Ocaña pródiga en mandatarios expertos en economía, ni de tener avezados empresarios, ni experimentados emprendedores. Al fin y al cabo el ayuntamiento fue siempre una de las tres empresas más importantes de la localidad. Sí, somos conscientes de que hemos dicho empresa. Una empresa tiene la obligación de tener un consejo de administración, un gerente y unos empleados para desarrollar su acción empresarial. Hacer de la empresa un organismo próspero, eficiente y capaz y esa es justa la misión de un ayuntamiento. La única diferencia es que un consistorio no está concebido para obtener ganancias, ni repartir dividendos.
Una de las causas que hicieron que los diferentes alcaldes no obtuviesen notabilísimos triunfos en sus respectivas legislaturas fue la falta de suelo municipal. A pocos se les ocurrió ir reuniendo terrenos municipales a través de las diferentes fórmulas para llevar a cabo tal riqueza. Cesiones, adquisiciones, donaciones, expropiaciones urbanísticas, trueques…
Hasta tal punto llegaron estas carencias de terrenos municipales, que la mayoría de los centros públicos de enseñanza se deben a donaciones de particulares. No creemos que sea este el momento de hablar de los donantes y sus generosas donaciones. Lo que sí resultó curioso fue ver la donación de un alcalde del escasísimo patrimonio municipal a un centro de enseñanza privado, siendo que la Iglesia posee decenas de miles de metros cuadrados procedentes de los diferentes conventos de la localidad, la inmensa mayoría infrautilizados.

Si tuviéramos que relacionar el número de empresas que tuvieron que abandonar la idea de levantar sus fábricas en Ocaña por falta de terrenos, nos íbamos a llevar una sorpresa. Empresas que terminaron marchándose a Cabañas de Yepes, Dosbarrios, Noblejas, Villarrubia de Santiago, Santa Cruz, Yepes o Huerta de Valdecarabanos. Es decir dentro de la Mesa de Ocaña.
En estos momentos, volviendo a los que escribíamos en nuestro anterior análisis, las empresas más punteras son: Centros Penitenciarios, Ayuntamiento, Maderas Medina y el resto difuminadas en pequeñas empresas de autónomos, donde cada día los esforzados emprendedores se dejan media vida, empresarios que a base de echarle imaginación, redaños, e ilusión, consiguen salir adelante a duras penas, siempre a base de muchísimo esfuerzo, sacrificio e hipotecar sus propios patrimonios familiares, llegado a poner sus viviendas y la de sus padres como garantía.
Y es que cuando nos enteramos que viene una empresa, los precios del terreno se disparan, algo que no criticamos, porque cada uno pone el precio que le da la gana a sus propiedades.

Recordamos como hace unos años Ocaña se llenó de banderines y pancartas dando la enhorabuena a todos los ocañenses por la inmediata llegada del mejor y mayor parque empresarial de Europa para al poco ver con resignación como aquella magnífica película española, “Bienvenido Mister Marsall” se transformaba en una triste realidad.
No seremos nosotros, en “La Verdad Ocaña” los que tengamos que dar lecciones, consejo o asesoramiento de nada, simplemente tratamos de constatar unos hechos.
Y tras exponer nuestro peculiar análisis, como es habitual en nosotros, ofreceremos posibles soluciones para que Ocaña se dotase de un tejido empresarial, laboral y económico digno de una localidad próxima a los catorce mil habitantes.
Un servidor de ustedes.




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