Un lugar de la Mancha, cuyo nombre recuerdo. Ocaña. 4
- Leopoldo García-Alas Ureña

- 6 nov 2020
- 2 min de lectura
Actualizado: 21 nov 2020
OCAÑA Y EL MUNDO LABORAL

Continuamos con nuestro particular chequeo a Ocaña, con la única intención de descubrir el mal, establecer un diagnóstico y para que alguien aplicara el tratamiento y la terapia necesarios para tratar de devolver al enfermo a un estado saludable, dentro de los conocimientos que nosotros, humildemente, pudiésemos tener, así como de nuestras también humildes soluciones.
Hoy nos toca analizar la economía y el mundo laboral en Ocaña. Y como es habitual en nosotros, trataremos de profundizar en lo que ha sido habitual en Ocaña en los últimos cincuenta años. En principio Ocaña vivió gracias a un funcionariado que al ser considerado clase media, imprimía ese carácter al resto de la población. En la actualidad no resulta difícil establecer un número de funcionarios civiles y militares del estado, personal laboral y de servicios, siempre con las debidas reservas, dada la continua movilidad de estos profesionales a través de sus concursos de traslados. Si sumamos el funcionariado correspondiente a Educación, con dos centros de Enseñanza Primaria y otros dos de Secundaria; de Instituciones Penitenciarias, con dos centros; Guardia Civil, con sus secciones de Tráfico, Comandancia y Centros penitenciarios, Justicia, Sanidad, Obras Públicas, Funcionarios y personal de Administración Local, Servicio de Correos, dentro de su peculiar condición de organismo autónomo, y otros más, difuminados en distintas administraciones, bien podríamos estar hablando de un número aproximado de seiscientos funcionarios. Si al número de funcionarios le sumásemos los que desempeñan su labor profesional en el centro de Enseñanza Privada, entidades bancarias y de ahorro, despachos de abogados, centros médicos, centros de belleza, peluquería, gimnasios, servicios de administración, gestorías, oficinas y demás profesiones, podríamos contabilizar en torno a los seiscientos profesionales. Si continuamos con los profesionales de fontanería, construcción, madera, muebles, electricidad, decoración, hostelería, agricultura, mecánica en general, comercio, la inmensa mayoría de ellos pertenecientes al sector de los autónomos, podríamos llegar no con demasiada holgura a los mil quinientos de profesionales. Y si finalmente sumamos a todos aquellos que conforman el tejido laboral de Ocaña, nos encontraríamos que el número de ocupados se acercaría a los 3.000 trabajadores. Teniendo en cuenta que Ocaña pueda tener un millar de jubilados, otros tantos menores de edad, repartidos entre los cinco centros educativos y aquellos que trabajan en el hogar, al servicio de sus familias serian más de tres mil personas fuera del mercado laboral.

Si damos por bueno el censo electoral que manejamos tras realizar algunas consultas, que se eleva a unos 13.000 ciudadanos y aplicamos un simple ejercicio de aritmética, el número de personas que en Ocaña les vendrían muy bien, incluso vital, un puesto de trabajo, se elevaría a unos siete mil ciudadanos, entre los que también se encontrarían muchos trabajando en esa nefasta, cruel y denigrante economía sumergida.
Proseguiremos en el próximo capítulo.
Un servidor de ustedes.




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