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Un lugar de la Mancha, cuyo nombre recuerdo. Ocaña. 2

  • Foto del escritor: Leopoldo García-Alas Ureña
    Leopoldo García-Alas Ureña
  • 2 nov 2020
  • 3 min de lectura

Actualizado: 21 nov 2020

OCAÑA: 2.000 viviendas

Con la publicación de mi primera colaboración “Servicio de Mantenimiento”, iniciamos nuestra andadura en este nuevo medio informativo, que como decíamos, es el fruto de la amable invitación que nos hizo este diario de información general, local, Regional y Nacional.


Tras nuestra carta de presentación y realizar un somero análisis de la historia política de nuestro consistorio en los últimos veinte años, pasamos hoy a tratar la problemática de la vivienda en la Villa y su incidencia en los ciudadanos, no solo locales, sino en toda la Comarca de la Mesa de Ocaña, compuesta por 17 localidades.


A lo largo de todo un quinquenio, Ocaña se llenó de grúas hasta alcanzar una cifra próxima al centenar, plantadas por constructoras y promotoras llegadas por la llamada “fiebre del ladrillo”.


Cajas de ahorro y diferentes entidades bancarias sufrieron el contagio de aquella “pandemia” que se presentaba a través de una febrícula causada por una desaforada, dislocada y descontrolada construcción.


Según nuestras fuentes, el número de viviendas construidas se elevó a tres mil quinientas, levantadas en parcelas desde 500 m2. Parcelas que llegaron a pagarse a medio millón de euros. Y en un tiempo récord la fisonomía de Ocaña cambió radicalmente con la aparición de bloques de viviendas levantadas, a veces, caprichosamente, con la ausencia del más elemental estudio arquitectónico y urbanístico.


Panorámica Ocaña (Toledo)

La proliferación de una publicidad engañosa, el desmedido entusiasmo de rentabilizar los ahorros y la barra libre de las entidades bancarias, que empezaron a dar préstamos a diestro y siniestro, con tasaciones exageradas, que nada tenían que ver con el precio real de las viviendas, hicieron que muchos ciudadanos se embarcaran en una aventura convencidos de que sería la gran ocasión de su vida.


La publicidad engañosa consistió en hacer creer a la gente que la distancia Madrid-Ocaña, Toledo-Ocaña se salvaba en veinte minutos, gracias a autovías, trenes de cercanía, AVE y hasta un aeropuerto. Hubo propaganda en papel cuché y colorines en el que incluso se hablaba del Mar de Ontígola. Así de chusca era la promoción de viviendas y así de confiados los miles de futuros residentes de la que sería la séptima ciudad Manchega, tras las cinco capitales de provincia y Talavera de la Reina.


Los pequeños inversores vieron el cielo abierto al ver que aquella fiebre del ladrillo constituiría el gran negocio. El asunto era muy simple; se adquiría una vivienda, se hipotecaba y con el dinero que obtendrían de los arriendos se hacía frente a las hipotecas. Negocio redondo, con muy poco riesgo y máxima rentabilidad en menos de diez años, ya que tras pagar la hipoteca la vivienda pasaba a ser de su propiedad, pagada por los arrendatarios.


Luego estaban todos aquellos que deseando tener una vivienda donde iniciar una nueva vida, comenzar su andadura familiar, o vivir una jubilación placentera y desahogada, decidieron adquirir un piso de tres dormitorios por 180.000 euros, de dos dormitorios por 150.000 euros y de un dormitorio por 120.000 euros. Una ganga comparada con los precios de Madrid y Comunidad.


Los pisos tendrían de todo, piscina, clubes sociales, bibliotecas, pistas de tenis, saunas y hasta tratamientos por rayos UVA.


Tres mil quinientas viviendas estaban esperando para los más diligentes, para los más lanzados, para los más avezados. Por cierto, todo absolutamente legítimo y honorable. Querer prosperar en la vida, tratar de asegurarse el porvenir y obtener un patrimonio son pretensiones dignas de encomio.


Ni que decir tiene que las viviendas estarían enclavadas en espacios perfectamente urbanizados, con todo tipo de dotaciones que exige una ciudad moderna de nuevo cuño. Continuará…


Un servidor de ustedes.


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